El hombre siempre tropieza dos veces con la misma piedra.
Llevando el sabio refranero español al ámbito económico podríamos decir que esa
“piedra” causante de innumerables problemas puede adoptar la forma de burbuja económica, también
llamada burbuja financiera.
Desde el siglo XVII con la crisis de los tulipanes en Holanda, la historia de las burbujas económicas se ha repetido en numerosas
ocasiones: la burbuja de la Compañía
de los Mares del Sur en el siglo XVIII, la Railwaymanía
en el siglo XIX, y ya en el siglo XX la importantísima burbuja del mercado de valores que dio lugar
al Crack del 29, la burbuja de
las llamadas empresas puntocom,
hasta llegar a la que más ha sufrido la
economía española: la burbuja inmobiliaria en España, la cual explotó en 2008, y todavía hoy, en 2013
(y previsiblemente durante bastantes años más) se notan sus efectos en forma de
una devastadora crisis económica y financiera que azota a toda nuestra economía.
La pregunta que yo, al igual que (espero) otras muchas
personas se hacen es: ¿por qué no se aprende de la historia para que no vuelvan
a formarse estas burbujas que tantos efectos dañinos tienen para la economía?
Parece ser que la respuesta es no. Ya lo vaticinó Isaac
Newton tras perder la mayoría de su patrimonio en la burbuja antes citada de la
Compañía de los Mares del Sur, dejándonos esta reflexión: “He logrado predecir el movimiento de los astros pero no la locura de
las masas". Asimismo, Galbraith apuntó en su momento: "La memoria del público sobre los
peligros de las burbujas financieras no alcanza más allá de un par de décadas".
Y tanto es así, que de hecho ya se ha dado la voz de alarma en
el último informe del Fondo Monetario Internacional sobre la estabilidad financiera mundial, acerca de
futuras burbujas que se avecinan y cuyo estallido podría tener consecuencias catastróficas
en la actual crisis. Las políticas expansivas de los bancos centrales (Reserva
Federal, el Banco Central Europeo, Banco
de Japón, etcétera), y la compra de bonos soberanos por su parte, en un intento
de mejorar la fluidez del crédito, dar confianza a los mercados y reactivar la
economía pueden llegar a formar una nueva burbuja de bonos: los bajos
tipos de interés alientan a los inversores a invertir están cada vez más en
este tipo de activos, aumentando sus riesgos en busca de una mayor rentabilidad.
Llegados a este punto, a las puertas de un nuevo error
humano, la cuestión que me planteo es si las burbujas son inherentes a la
especie humana, si una parte de nuestro ser se encuentra dominada por el impulso
especulativo y la avaricia, y hay quien no puede controlarla. Si esto es así, y los inversores realmente no pueden (más bien
no quieren) controlar su euforia, ¿deben ser los bancos centrales, como pide el
Fondo Monetario Internacional quienes frenen estos impulsos?
Si, por una parte, los bancos centrales intervinieron primero en
la economía con sus políticas monetarias, independientemente de su buen fin,
deberían prever no solo los efectos beneficiosos que pueden tener sus medidas
sino también los riesgos inherentes a las mismas y preparar algún protocolo de
actuación en caso de que se empiecen a dar problemas. Es decir, deberían tener
algún tipo de responsabilidad por las actuaciones que llevan a cabo.
La cuestión es dónde poner el límite de intervención de los bancos
centrales, para evitar las consecuencias
desastrosas de la formación y posterior explosión incontrolada de una burbuja económica,
pues esto no solo va a afectar a los inversores que han contribuido a esta
formación sino a toda una sociedad que nada tiene que ver con la especulación.
Sin embargo, esto es algo que no solo depende de las autoridades monetarias:
los dirigentes políticos, responsables en última instancia de las políticas
económicas que complementan a las políticas financieras tienen también un gran
poder en ámbitos fuera del económico (como el legislativo)
para evitar estas situaciones.
En conclusión, si de esta crisis en la que estamos aún inmersos nadie aprende nada, o no quiere aprender, sobre todo aquellas instituciones financieras y políticas que pueden realmente dar algún tipo de solución al problema, la bonanza económica que sucede a toda depresión hará que los inversores olviden otra vez el
miedo y vuelvan a pasar por todas las fases de ese círculo vicioso que es la formación de burbujas
especulativas.
Un saludo y ¡hasta la próxima entrada!
Ana
